sábado, 11 de enero de 2020

SANGRANTE NAVIDAD

PATÉTICAS CONSECUENCIAS DEL DILETANTISMO.


Ya vinieron los Reyes Magos y dejaron regalitos al Niño Jesús. Culminó la Navidad. Tiempo vivo, palpitante, colorido y cálido; tiempo de santos arrebatos del corazón. Y tiempo –por qué no- de nostalgias.


La dulzura que por antonomasia define a la Navidad, tras dos siglos y poco -¡nada más! de libertad y fraternidad a raudales, ha desaparecido. La libertad y la fraternidad -¡y no olvidemos a la igualdad!- no han traído, sorprendentemente, más calor y color, sino un ambiente truculento, de taberna crapulosa –o peor- de camposanto abandonado.
Vitral en la Stille Natch Kapelle (Austria),
tributando al creador del villancico "Noche de Paz",
el Padre Joseph Mohr


Los individuos, liberados del yugo del monarca –como quería Montesquieu- no han enderezado sus vidas, sino que, al contrario, las han perdido.

Aterradores titulares: en la Noche de Navidad, un hombre mató a su “pareja” y a la hermana de ésta; otro, mató a la hija de su “expareja”. Tres viles asesinatos durante la “Noche de Paz”.

Miedo y terror, infernales gemidos: el legado de tres o cuatro diletantes franceses.

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