lunes, 20 de abril de 2020

DESTACADOS: EL FIN DE LA “GLOBALIZACIÓN FELIZ”, POR PHILIPPE DE VILLIERS

Philippe de Villiers

Publicado el 18/03/2020 en “Valeurs Actuelle”

Traducción del francés y notas de Néstor Adrián Sequeiros. Tomado de la página quenotelacuenten.org.

Sumamos otra voz que abona nuestra perspectiva “esperanzada” sobre el coronavirus (“Una visión esperanzada de la pandemia”, 17 de abril de 2020): la del francés Philippe de Villiers, entrevistado por “Valeurs Actuelle”. Hemos editado el reportaje y tomado sus conceptos más relevantes.



Desde su Aventino en la Vendée, donde se encuentra confinado como el resto del país, Philippe de Villiers analiza para  «Valeurs Actuelle» el significado profundo de la crisis del coronavirus. Para el fundador de «Puy du Fou», esta prueba marca el final del mito de la «globalización feliz» y del mundo nuevo y el regreso del «cuadrado mágico de la supervivencia»: frontera-soberanía-localismo-familia. 

– Durante la campaña electoral europea de 1994, usted y Jimmy Goldsmith hablaban sobre la necesidad de la «desmundialización» y criticaban el librecambismo mundial. La situación actual, con la pandemia de coronavirus, ¿les da la razón? 

¡Ay, sí! Recuerdo que en nuestras reuniones públicas, Jimmy y yo decíamos esta frase que causaba hilaridad en la concurrencia: «Cuando todas las barreras sanitarias se hayan derrumbado, una gripe surgida en Nueva Delhi llegará hasta Berry». Se reían incrédulos: «estos exageran …»En realidad, Jimmy había visto, dicho y escrito todo en su libro « La Trampa», escrito en 1993, no solo en el nivel sanitario sino también en los de economía y seguridad […]

La reacción de las élites y los medios fue la misma:  “No podemos oponernos a la globalización. Está en el sentido de la historia. «

-¿Cuál es el significado profundo de la prueba por la que estamos pasando?

- La encerrona obligatoria marca el final de la famosa » globalización feliz».  La derrota intelectual de los globalistas es proporcional al drama del coronavirus. Señala, para aquellos que tienen un poco de lucidez, el fin del «Mundo Nuevo» y el regreso vigoroso del «Viejo Mundo«. Luego de la caída del Muro de Berlín se nos explicó que íbamos a entrar en un mundo nuevo que inauguraría una nueva era, postmoderna, posnacional, posmoral, una era de paz definitiva. Este mundo nuevo sería doblemente innovador: primero, nos libraría de soberanías y de Estados, pues sería ahistórico y apolítico. Sería el final definitivo de las guerras, de la historia, de las ideas, de las religiones y el advenimiento del mercado como único regulador de los impulsos y tensiones humanas en el mundo. Los ciudadanos se convertirían en consumidores dentro de un mercado global masivo. Excitante, ¿verdad? Y luego, segunda innovación, el mundo nuevo organizaría, por fin, la primacía ricardiana de la economía sobre la política, sustentando así la idea pacífica de una reasignación de recursos en el nivel de la «Aldea Global» y de un mundo con apertura multicultural. Se pensaba que las grandes organizaciones supranacionales bastarían para supervisar este mundo nuevo donde administrarían, con la Mano invisible del liberalismo, las felicidades y prosperidades. A partir de entonces, el vocabulario cambió: ya no se hablaba más de gobierno, sino de gobernanza; no de ley, sino de regulación; no de frontera sino de espacio; no de pueblo, sino de sociedad civil.

La ideología globalista se está muriendo de coronavirus. En efecto, cuando vuelve la desgracia, cuando merodea la guerra – por ejemplo en la frontera greco-turca – o la muerte – con la pandemia –, los zombis de las organizaciones internacionales no tienen nada más que decir – y por otra parte, tampoco se las consulta. Es el gran regreso al cuadrado mágico de la supervivencia.

El primer punto del cuadrado es la frontera, es decir, la protección, esa cosa para lo cual se inventaron los Estados. El segundo es la soberanía, es decir, la libertad de los pueblos para tomar decisiones rápidas y ajustadas. El tercer ángulo del cuadrado es lo local, o sea, el control más cercano posible sobre los intereses vitales. El cuarto punto es la  familia, ya que, cuando se decide confinar un país, la «República del PMA»[1] no confía los niños en edad escolar a los fondos de pensión, sino a los abuelitos y abuelitas. 

- Inmediatamente después de comenzar la crisis sanitaria nos dimos cuenta de que Francia no era soberana en muchas áreas, y específicamente en la producción de medicamentos. Emmanuel Macron dijo: «Delegar en otros nuestra alimentación, nuestra protección, nuestra capacidad de cuidar, nuestro entorno de vida en suma, es una locura». ¿Esto significa que de nuevo cae en gracia la noción de soberanía?

- Sí, absolutamente. ¡Qué camino de Damasco! Entonces, ¿qué es la soberanía? Es la capacidad de ser capaces: somos soberanos o no lo somos. No es posible serlo a medias. Una mujer no está medio embarazada. Cuando De Gaulle se adhirió al Tratado de Roma,[2] tuvo una expresión significativa: Francia se comprometía a adherirse a una  «Europa de la cooperación» con la condición expresa de que la nueva institución tenga en cuenta las soberanías a fin de preservar los «intereses vitales de las naciones«. Y como ejemplos de intereses vitales mencionaba la autonomía de la energía nuclear francesa, la energía, la agricultura o, también, nuestra cultura y nuestro modo de vida.

Luego de los Tratados de Maastricht, Amsterdam y Marruecos hemos enajenado nuestra soberanía. Como dije antes, la soberanía se define por la primacía de lo político. Enajenarla es permitir que la economía se organice como mejor le parezca… y ella va siempre adonde van sus intereses. Ya hemos experimentado ese capitalismo desenfrenado, que primero eligió la alienación estadounidense y ahora la alienación china. Quienes preconizaron esa ideología de la llamada división internacional del trabajo sabían lo que hacían. Dejaron tras de sí una Francia de repuestos, un país que ya no tiene industria, que vende sus plataformas aeroportuarias y ha favorecido una agricultura degradada por un proceso agroquímico suicida, un país que hace fabricar en China las piezas de recambio para los tanques Leclerc, confiándole también la producción de los medicamentos que necesita.

Decíamos en 1994 con Jimmy Goldsmith: «La globalización es un sistema de despojo en el cual los pobres de los países ricos subsidian a los ricos de los países pobres». Y agregábamos: «Al principio, todo irá bien. Las empresas fabricarán donde les resulte más barato y venderán donde haya poder adquisitivo. Pero llegará el momento en que la trampa se cerrará.” En eso estamos.

La globalización, de la que Europa nunca fue más que un caballo de Troya, ha favorecido cuatro crisis mortales: la crisis sanitaria, sí, pero también la crisis migratoria con una inmigración no ya para trabajar sino para un asentamiento que instala en nuestro suelo el enfrentamiento de dos civilizaciones. Pensemos que, por una propina de seis mil millones de euros, Europa le confió nada menos que a Erdogan la tarea de proteger sus fronteras. De él depende entonces abrir las cerraduras cuando quiera : él es el patrón. Nada de protectorado feliz: solo hay dhimmis.[3] Y luego está la crisis por venir, la crisis financiera larvada, ya que todos nos movemos sin saberlo en una burbuja de jabón que se agranda día a día y cuyas volutas virtuales se generan unas a otras desconectadas de la economía real; y finalmente la crisis económica, la pauperización de los chalecos amarillos por la reubicación sistemática que reemplazó los circuitos cortos y la producción local por esta locura antiecológica del circuito largo y la búsqueda discreta de la explotación del más pobre entre los más pobres del mundo. Estamos a punto de redescubrir la idea obsoleta de los pequeños jardines obreros [4] como válvula de seguridad para una zona poblacional mayor, provista en el 60%  de sus necesidades por productores distantes sin ningún tipo de escrúpulos ecológicos.

Resulta extraordinario observar cómo evoluciona el lenguaje con el coronavirus . Nos hablan en una lengua vulgar (que recuerda a la muchacha de Molière corriendo al baño) de «hacer nación», nos hablan sobre el confinamiento en circunscripciones que se pretendía suprimir hace escasas semanas, nos hablan de prefectos, nos hablan del Estado.

Hemos perdido el sentido de las jerarquías distintivas, y en particular la diferencia entre economía y política. La economía sirve a intereses mientras la política no es otra cosa que la protección de los ciudadanos : debe estar por encima, es primaria, es el escudo del Estado. 

- La soberanía cae en gracia de nuevo y, por consiguiente, se multiplican los soberanistas…

- Sí: hemos escuchado a Bruno Le Maire hablando de «soberanismo económico». ¡Qué maravilla! Pronto habrá dos variedades de soberanistas: los de pura cepa y los oportunistas. Será necesario que los primeros abran los brazos a los segundos, sin gestos-barrera. Fuimos nosotros quienes inventamos en 1999, con Charles Pasqua, la  palabra «soberanismo». La pronuncié en público por vez primera ante la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Recuerdo que en esa época la palabra era utilizada por nuestros adversarios como quien hubiera contraído la viruela. Hoy, los catecúmenos del soberanismo se hacen tonsurar, con los ojos entrecerrados, en un silencio catedral que requiere la genuflexión oblicua de un devoto apremiado. Es preciso reconocer que la realidad se impone a todo el mundo: Francia, por ejemplo, es el único país del mundo que se habrá negado hasta el final a restablecer sus fronteras, en nombre del rechazo de lo que Macron acaba de llamar el “repliegue nacionalista». Hoy, todos los países europeos, incluida Alemania, restablecieron los controles fronterizos. Solo Francia se preocupa por “rescatar al soldado Schengen». Tal es el poder de la ideología, que prefiere los muertos por coronavirus antes que la verdad protectora. Las tiernas almitas del «Mundo Nuevo» en agonía todavía prefieren equivocarse junto al coronavirus que tener razón con los soberanistas. Pase lo que pase no se trata, según ellos, de salvar a los enfermos: es preciso salvar la ideología. Pero lo Real, que es despiadado cuando sostiene a mano firme la guadaña de la muerte, viene para contradecir sus certezas e inocular la duda en sus silogismos mortíferos.

- Ud. lo dijo: Francia es uno de los últimos países en negarse a cerrar sus fronteras. ¿Cómo explica la persistencia de este tabú cuando el mundo entero adoptó esa solución de sentido común?

- El «Mundo Nuevo» persiste en designar la frontera como el mal absoluto, pero se ha visto obligado a inventar lo que se dio en llamar gestos-barrera. Y ¿qué es un gesto-barrera? Una frontera entre individuos. Después inventa los “grupos de riesgo”. ¿Qué es un «grupo de riesgo»? Una frontera. Y luego inventa la cuarentena. La cuarentena en el Alto Rhin, la cuarentena en Morbihan. ¿Qué es la cuarentena en el Alto Rhin? Un encierro departamental. ¡Epa, epa : las fronteras departamentales son buenas; las nacionales, malas! Una curiosidad epidemiológica para los investigadores de pasado mañana.

Y ahora nos proponen una cuarentena total para el país, pero en realidad, como se mantienen abiertas las fronteras, lo que se procura es administrar el stock sin administrar el flujo. Queremos cazar coronavirus en casa, en un país confinado, pero que no está protegido del flujo exterior, el principal caldo de cultivo – además del subte.

Macron dijo también: «Debemos (…) construir aún más que antes una Francia y una Europa soberanas, una Francia y una Europa que rijan con mano firme su destino.” ¿La crisis del coronavirus no evidenció los límites de la solución europea? Cualquier persona realista puede observar, sea para alegrarse o para lamentarse, que desde el comienzo de esta crisis, las instituciones de Bruselas quedaron bajo la alfombra y que los Estados vuelven a manejar todas las palancas que les permitan frenar el virus. En otras palabras, cuando nos sacude una desgracia fuerte como esta pandemia y nuestra sociedad queda entre la vida y la muerte individual o colectiva, la reacción de la gente no es entonar consignas como «Salvar el planeta», «Vivir juntos” ni abrazarse por sobre «los puentes que reemplazan los muros”, no: vuelven la mirada hacia los Estados. Y el reflejo de los Estados no es dirigirse a Bruselas, la OCDE, a la ONU o a la OMC [5], sino proteger a su naciones y a sus pueblos. «Lo que una nación no hace por sí misma, nadie lo hará nunca por ella», dijo Charles Pasqua.

- La primera reacción de muchos franceses ante anuncio de la cuarentena fue regresar a casa y reunirse en familia. Tampoco este reflejo corresponde realmente al ADN del » Mundo Nuevo” …

- Ya no hay Ministerio de Familia. Nos explicaron, en línea con la PMA, que la familia del «Viejo Mundo» era actualmente obsoleta, anacrónica, que correspondía a un patriarcado no igualitario y moralmente castrador. La idea de un padre, una madre, un abuelo o una abuela resultaba anticuada. Sin embargo, tras la suspensión de las clases el mensaje del Presidente de la República, reafirmado por los ministros (incluido el Sr. Castaner), es … la vuelta total a la familia. O sea: cuando nos invade la emergencia emocional y la angustia y queremos proteger a un pueblo, no es la Comisión de Bruselas sino el Estado quien se encarga de la cosa; y ya no corre la agenda del PMA o del GPA[6] sino la de la familia tradicional.

En otras palabras, el primer nivel de ayuda mutua, solidaridad y asistencia, según el propio Estado, es la familia y la filiación, fundada en el principio de que los mayores ayudan a salvar a los niños y que los más jóvenes brindan su solícita protección a los ancianos. Se impone la idea de la generación que perdura en el Tiempo. De golpe, en medio de esta sociedad que fabricó una especie híbrida de solidarios-solitarios y engendra hijos de probeta, vienen a descubrir que la primera seguridad social es la familia en el sentido del orden natural. Como en los casos de la frontera, de la soberanía y del localismo, lo Real, que había sido evacuado por la puerta, retorna por la ventana del confinamiento. 

- Dijo Macron, sin que sepamos realmente a qué se refería: «Deberemos mañana aprender las enseñanzas del momento actual, cuestionar el modelo de desarrollo en el que nuestro mundo se ha involucrado desde hace décadas y que ahora devela sus fallas a pleno sol «. ¿Qué significaría para Ud. «aprender las enseñanzas del momento actual”?

- Bueno, eso significa: dar media vuelta. Poner derecho todo lo que está al revés. Salir de las vías muertas en que nos han metido las élites desde mayo del 68. La primera lección es económica; volver a una economía productiva de proximidad. Emprender la repatriación general de nuestras fuerzas vivas. Volver a la economía real, es decir, utilizar el dinero del circuito real. Y hacerlo antes de que el euro se derrumbe (el próximo virus…). Recrear una industria nacional, recrear una agricultura francesa que no violente la naturaleza y que se desconecte de la agroquímica. Y, también, fabricar aquí mismo nuestros medicamentos y los repuestos para nuestras producciones estratégicas. Todo eso significa: restablecer la protección libre de nuestros intereses vitales.

La segunda lección es constitucional: restaurar nuestras fronteras, que esas almitas ingenuas recién hoy reconocen como filtros protectores y pacíficos.

La tercera lección es ecológica. Hay que restablecer en nuestros intercambios y producciones la primacía del circuito local. Volver al bidón de leche que vamos a buscar en la granja cercana. Producir francés en Francia.

La cuarta lección es legal. No podemos seguir aceptando la superioridad de un simple acuerdo como el de Bruselas sobre nuestra propia constitución. Tampoco podemos seguir aceptando que, en nombre de un sedicente estado de derecho, lo políticamente correcto procure – bajo el fuego ardiente de sus antorchas de odio – aterrorizar las expresiones libres, imponga un pensamiento conformista y envíe todas las semanas un Zemmour [7] al juzgado de instrucción.

Creo que como consecuencia del Brexit de ayer y del coronavirus de hoy la institución bruselina está muerta. Es como un pato descabezado que sigue corriendo sin cabeza y sin cerebro. La OMC, la OTAN, todo eso ha terminado. El «Mundo Nuevo» es el tiempo viejo. El tema prioritario es hacer algo distinto : un concierto de naciones. En un concierto no buscamos todos tocar la misma trompeta, sino armonizar nuestros sonidos instrumentales de acuerdo con sus características. ¿Surge una disputa para ocupar el puesto de primer violín?  Aceptemos el desafío. Habrá que agendar el Frexit. Dejemos de seguir corriendo siempre detrás de la historia que avanza sin nosotros.

Gracias al coronavirus podemos ver claramente que el sueño de Bruselas se transformó en una pesadilla, se desintegró porque su trama era un tejido de mentiras. El globalismo y el europeísmo nos enfermaron. A la pandemia sanitaria se agrega la pandemia económica y no estoy seguro de que el tejido conjuntivo de la Francia trabajadora se recupere algún día. Están comparando el número de muertos, como en Eylau,[8] luego del desastre. Cuidado: en el caso del coronavirus, como ustedes habrán podido observar, Francia y Europa siguieron al virus con una estética tipo mecanismo de retardo. Hoy estamos en una semi-cuarentena, detrás de Italia y España. Seguimos a los otros países. Me temo que pase lo mismo con la Unión Europea: pronto Francia será la única que siga creyendo en ella. Ya no lo hace la Europa de carne y hueso del grupo de Visegrado [9]. Italia no le hace caso. Inglaterra se fue. La OTAN se está arrastrando. Erdogan nos hace pito catalán y nos pide que enrollemos la platita para protegernos. Merkel está con asistencia respiratoria. Y hete aquí que Emmanuel Macron nos habla, en pleno coronavirus, sobre la necesidad de una «soberanía europea» … Hay más posibilidades de ver llegar barbijos a los hospitales que de contemplar el surgimiento de la «soberanía europea». Y no tomen este concepto como un simple error: ahora, con el coronavirus, es un chiste. De humor inglés.

[…]

- Desde el fin de semana pasado, los católicos ya no pueden asistir a misa. ¿Qué le pareció la decisión de cerrar las puertas de las iglesias?

- Se trata de una ruptura alegórica de la civilización y también de una inversión simbólica de todos los paradigmas de la cristiandad milenaria. En otros tiempos, cuando acaecía una gran desgracia en la ciudad la gente se precipitaba a las iglesias (hasta Paul Reynaud,[10] en 1940, fue a pie para reclamar un milagro en Notre-Dame). Los sacerdotes caminaban con el Santísimo Sacramento, aspergían las calles y los enfermos y en todas partes se convocaba a la plegaria. San Luis, en Royaumont, le llevaba personalmente la comida al hermano Liger, un leproso consumido en cuyo rostro paseaban todas las repugnancias de la naturaleza. ¿Excesivo ? Tal vez. Pero hermoso. Había la convicción de que la vida es un misterio que se nos ha confiado en depósito. La religión era central. Ahora es periférica: los comunicados episcopales han hecho suya la jerga banal: «La salud es el primero de nuestros bienes comunes». Hay obispos que incluso acaban de prohibir la participación de personas mayores de 70 años en los entierros. Se asperge luego de la inhumación. Y Lourdes cierra sus puertas. No hay más milagro. Se cierra la gruta, se apagan las velas, se confina a Bernadette. Una inversión de perspectiva que tendrá sus consecuencias. Nada de piedad popular ni de velas suplicantes. Cuando escucho los llamados a nuevas vocaciones me digo a mí mismo: una Iglesia que cierra sus iglesias solo puede despertar una clase de vocación: la de cerrajero.

[1] PMA = Programa Mundial de Alimentos, agencia de la ONU dedicada a “erradicar el hambre en el mundo”.
[2] Se refiere al primer Tratado de Roma (1957), antecedente original de la Unión Europea.

[3] Dhimmis : súbditos no musulmanes de religiones abrahámicas o monoteístas, especialmente (aunque no únicamente) los que viven en territorios musulmanes.

[4] Los pequeños jardines obreros eran áreas verdes para recreación y cultivos de subsistencia elemental, divididas en parcelas de 250 a 600 m2 que se entregaban a los trabajadores de fábricas. La idea surgió en Inglaterra a fines del siglo 19 pero se aplicó más ampliamente en Polonia, desde donde pasó a otros países europeos industrializados.

[5] OCDE : Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (fundada en 1961). OMC : Organización Mundial del Comercio (creada en 1995).

[6] GPA = Agreement on Government Procurement (Acuerdo sobre Contratación Pública) es un convenio auspiciado por la Organización Mundial del Comercio (OMC) que regula la adquisición de bienes y servicios por parte de las autoridades públicas de los países firmantes en base a los principios de apertura, transparencia y no discriminación.

[7] Éric Zemour es un famoso periodista francés de actualidad, continuamente llevado a tribunales por sus ideas “políticamente incorrectas”.

[8] En la cruenta batalla de Eylau (entonces Prusia oriental; hoy, Bagratiónovsk, Rusia) se enfrentó en 1807 el ejército francés de Napoleón con las tropas rusas dirigidas por el general Bennigsen. Los franceses quedaron victoriosos en el campo pero perdieron 20.000 hombres, contra 25.000 bajas registradas por los rusos.

[9] Grupo de Visegrado (ciudad húngara) : Alianza de cooperación integrada en 1991 por Eslovaquia, Hungría, Polonia y República Checa, con anterioridad a la Unión Europea.

[10] Ese año, en plena guerra, era primer ministro de Francia.


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