jueves, 9 de julio de 2020

DOCTRINA: LA POLÍTICA Y LA REPRESENTACIÓN (IV de IV)


Con motivo de la silenciada pretensión de Miguel Sanguinetti Gallinal, Presidente de la Federación Rural, en junio de 2018, de impulsar la creación del Consejo de Economía Nacional. Pretensión que saludamos.

Se ha sostenido a lo largo de este ensayo que la representación política en base a los partidos es esencialmente mala, habiendo otras posibilidades de representación más naturales, justas y eficientes. Se ha historiado el origen de esa torcida idea y se expuesto, en la tercera y última entrega, un ejemplo del desgobierno que las patrias padecieron con motivo de esa malsana forma de representación política.



Detectado el error, investigado su origen y demostrado sus nefandas consecuencias, es hora de presentar, en esta parte final, una forma más acertada de encarar el tema. Sin perjuicio de volver a insistir en que en nuestro ordenamiento jurídico ya se encuentra previsto un mecanismo mejor, el artículo 206 de la Constitución, que llama a integrar en un Consejo de Economía Nacional a los representantes de los intereses económicos y sociales del país, siendo perentoria en este momento su ejecución, se presentará en esta ocasión el testimonio magistral del agustísimo José Antonio Primo de Rivera.

En su memorable discurso de la fundación de la Falange, pronunciado en el “Teatro de la Comedia”, en Madrid, el 29 de octubre de 1933, José Antonio sentenciaba:

“Que desaparezcan los partidos políticos. Nadie ha nacido nunca miembro de un partido político; en cambio, nacemos todos miembros de una familia; somos todos vecinos de un municipio; nos afanamos todos en el ejercicio de un trabajo. Pues si ésas son nuestras unidades naturales, si la familia y el municipio y la corporación es en lo que de veras vivimos, ¿para qué necesitamos el instrumento intermediario y pernicioso de los partidos políticos que para unirnos en grupos artificiales, empiezan por desunirnos en nuestras realidades auténticas?”

“Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre. Porque sólo se respeta la libertad del hombre cuando se le estima, como nosotros le estimamos, portador de valores eternos; cuando se le estima envoltura corporal de un alma que es capaz de condenarse y de salvarse […], y, más todavía, si esa libertad se conjuga, como nosotros pretendemos, en un sistema de autoridad, de jerarquía y de orden.”

He aquí, en dos preciosos trazos, la Política en su verdadera faz, es su más acabada expresión y definición. La Política, “que no quiere decir otra cosa que la colaboración al bien de la ciudad”, en palabras del Papa Pío XII, que se extraen de la obra “La Democracia: Un Debate Pendiente (I)”, del maestro argentino, el Dr. Antonio Caponnetto, se realiza verdaderamente, no a través de los partidos políticos, elementos que “para unirnos en grupos artificiales, empiezan por desunirnos en nuestras realidades auténticas”, sino por intermedio de los cuerpos intermedios, naturales, auténticos: la Familia, el Municipio, la Corporación.

Será al robustecer estos elementos que las patrias y los pueblos podrán salir del desgobierno que hoy padecen, tras décadas de partidocracia y de parlamentarismo hueco, artificial y venal. Contra ese vacío, contra ese artificio, contra esa radical venalidad, enfrentar la realidad vívida y auténtica de los cuerpos intermedios, de la Familia, del Municipio, de la Corporación. Y ello enmarcado, a la vez, en “un sistema de autoridad, de jerarquía y de orden”, como planteó José Antonio, totalmente opuesto al igualitarismo ácrata y anárquico que por antonomasia caracteriza al parlamentarismo partidocrático.

La aplicación del artículo 206 de la Constitución, heredero de la mejor tradición corporativa del siglo pasado, a esta altura de la crisis nacional se impone. Pero a la vez, es necesario que un estadista tenga la fortaleza y la prudencia políticas suficientes para realizar cambios estructurales, de fondo, que permitan, de hecho y de derecho, reconstruir, poco a poco, los cimentos de esta patria en ruinas, espiritual, cultural, social y económicamente, tras años de desgobierno partidocrático. Cambios estructurales que reconozcan y defiendan la representación política de las Familias, de los Municipios, de las Corporaciones: de los cuerpos intermedios.

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