martes, 18 de agosto de 2020

“GANAMOS LA GUERRA DE LAS ARMAS Y PERDIMOS LA GUERRA PSICOLÓGICA”

 

Estas palabras las expresó el Almirante argentino Emilio Eduardo Massera en un momento del juicio POLÍTICO al cual estaba siendo sometido, en 1985. Consideramos de interés su difusión, aunque teniendo en cuanta que, como nos han advertido camaradas argentinos, es una figura que admite reservas –y, según algunos, muchísimas reservas-. De todas formas, “la verdad es la verdad, provenga de quien provenga”:

“Nadie tiene que defenderse por haber ganado una guerra justa. Y la guerra contra el terrorismo fue una guerra justa […] GANAMOS LA GUERRA DE LAS ARMAS Y PERDIMOS LA GUERRA PSICOLÓGICA. Quizás por deformación profesional, estábamos absortos en la lucha armada […] ese ensimismamiento nos impidió ver con claridad los EXCEPCIONALES RECURSOS PROPAGANDÍSTICOS DEL ENEMIGO […] AL PUNTO DE CONVERTIR EN AGRESORES A LOS AGREDIDOS, EN VICTIMARIOS A LAS VÍCTIMAS, EN VERDUGOS A LOS INOCENTES”.

“Y ESA GUERRA PSICOLÓGICA NO HA CESADO. Lleva diez años golpeando la sensibilidad de la gente, ayudada por un EXTRAORDINARIO APOYO DE LA PRENSA. Y es imposible contestar esos ataques porque es muy difícil encontrar los medios dispuestos a jugarse por la verdad cuando la correntada social avanza en sentido contrario […]”

“Cuando el enemigo se dio cuanta de que empezaba a perder la guerra de las armas montó un espectacular movimiento de amparo del sagrado tema de los derechos humanos. Yo tenía muy buenas razones informativas para saber que se trataba de una guerra psicológica totalmente desprovista de buenos sentimientos, pero si algo me hubiera faltado para convencerme, aparece una satánica discriminación en los derechos humanos. Nunca, ninguna de las entidades beneméritas ni de las personas notables que alzan su voz por los derechos humanos, ninguna dijo nunca nada sobre las víctimas del terrorismo. ¿Qué pasa con los policías, los militares, los civiles que fueron víctimas muchas veces indiscriminadas, de la violencia subversiva? ¿Tienen menos derechos o son menos humanos?”

“Esta sencilla observación que no hace falta demostrar porque ahí están los hechos, nunca fue objeto de atención o al menos de curiosidad de nadie y a esta altura es una especie de valor aceptado por la sociedad que la violación de los derechos humanos estuvo únicamente a cargo de los ‘represores’ y que las víctimas de esas violaciones son únicamente terroristas de la guerrilla subversiva”.

“El asombroso silencio que hay en torno de esta monstruosa falsificación es suficientemente indicativo del grado de parcialidad que ostentan desde los dirigentes políticos hasta aquellos que deberían ser por su investidura profesionales de la imparcialidad […]”.

“¿Quién sería tan candoroso de pensar que se está buscando la verdad, cuando mis acusadores son aquéllos a quienes vencimos en la guerra de las armas? Aquí estamos protagonizando todos algo que es casi una travesura histórica: LOS VENCEDORES SON ACUSADOS POR LOS VENCIDOS […] Lo único que yo sé es que aquí hubo una guerra entre las FUERZAS LEGALES, DONDE SI HUBO FUERON DESBORDES EXCEPCIONALES, y EL TERRORISMO SUBVERSIVO, DONDE EL EXCESO ERA LA NORMA. Esto que acabo de decir es el punto central y tanto que la acusación no ha hecho otra cosa que tratar de demostrar que los excesos eran norma en las fuerzas legales. Naturalmente, no es cierto. Cualquiera puede imaginar que nadie transforma a los oficiales y suboficiales del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada, en una banda de sorprendentes asesinos que de la noche a la mañana pierden todo reflejo ético.”

“Pero lo que no hace la falta demostrar es que en una organización terrorista el exceso sí es la norma, simplemente porque el exceso es su razón de ser. Claro que de eso no se habla, parece un simple detalle. Pero ellos, los que ejercieron el exceso como norma, son mis acusadores, simple detalle”.