sábado, 10 de octubre de 2020

EN HONOR AL POBRECILLO DE ASÍS


Bergoglio miente. Lorenzo León nos lo hace saber cristalinamente.  Bergoglio no sólo miente, sino que tergiversa la vida de un gran Santo para justificar la fraternidad masónica, siendo los masones enemigos declarados de la Fe. Maniobra siniestra de un siniestro personaje “periférico” y ramplón.


Una nueva encíclica ha salido de la pluma de Bergoglio de supuesta inspiración en el seráfico padre San Francisco. Veamos el texto de una y otra y comparemos su espíritu.

Párrafos 3 y 4 “Fratelli Tutti”

3. Hay un episodio de su vida que nos muestra su corazón sin confines, capaz de ir más allá de las distancias de procedencia, nacionalidad, color o religión. Es su visita al Sultán Malik-el-Kamil, en Egipto, que significó para él un gran esfuerzo debido a su pobreza, a los pocos recursos que tenía, a la distancia y a las diferencias de idioma, cultura y religión. Este viaje, en aquel momento histórico marcado por las cruzadas, mostraba aún más la grandeza del amor tan amplio que quería vivir, deseoso de abrazar a todos. La fidelidad a su Señor era proporcional a su amor a los hermanos y a las hermanas. Sin desconocer las dificultades y peligros, San Francisco fue al encuentro del Sultán con la misma actitud que pedía a sus discípulos: que sin negar su identidad, cuando fueran «entre sarracenos y otros infieles […] no promuevan disputas ni controversias, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios»[3]. En aquel contexto era un pedido extraordinario. Nos impresiona que ochocientos años atrás Francisco invitara a evitar toda forma de agresión o contienda y también a vivir un humilde y fraterno “sometimiento”, incluso ante quienes no compartían su fe.

4. Él no hacía la guerra dialéctica imponiendo doctrinas, sino que comunicaba el amor de Dios. Había entendido que «Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios» (1 Jn 4,16). De ese modo fue un padre fecundo que despertó el sueño de una sociedad fraterna, porque «sólo el hombre que acepta acercarse a otros seres en su movimiento propio, no para retenerlos en el suyo, sino para ayudarles a ser más ellos mismos, se hace realmente padre». En aquel mundo plagado de torreones de vigilancia y de murallas protectoras, las ciudades vivían guerras sangrientas entre familias poderosas, al mismo tiempo que crecían las zonas miserables de las periferias excluidas. Allí Francisco acogió la verdadera paz en su interior, se liberó de todo deseo de dominio sobre los demás, se hizo uno de los últimos y buscó vivir en armonía con todos. Él ha motivado estas páginas.

En la primera línea escribe que San Francisco es capaz de ir más allá a pesar de las distancias, sin tener en cuenta entre otras cosas la religión. Cuando específicamente la causa de su viaje es religioso, el va a CONVERTIR al Sultán y a dar pruebas de su Fe. Lo mueve un deseo de Martirio inspirado por Dios, deseoso de abrazar a todos efectivamente, pero en Cristo y para Cristo.

En el párrafo cuarto nos dice que el verdadero padre es el que ayuda a ser más uno mismo y no los apresa en el espíritu propio. Esta frase en un contexto de padre espiritual dentro de la fe y que nos abre a lo que Dios busca de nosotros dirigiéndonos a volar a Dios sería muy linda. Pero aquí el contexto es otro y por tanto su aplicación es desacertada y falaz. Nos dice que el Santo no imponía doctrinas, que comunicaba el amor de Dios (¿cuál?) y que de este modo despierta el sueño de una fraternidad social. ¿Pero bajo que Dios? ¿Y qué culto? ¿Se puede admitir que el Dios de los mahometanos es igual al Dios Trinitario? Conocemos a Dios por su naturaleza por el revelada en la persona de Jesucristo, unida al Padre por un vínculo de amor mutuo en Dios Espíritu Santo. Es un Dios que nos redime y reconcilia con su sangre. Creo que eliminar estos y los demás rasgos es eliminar al mismo Dios. Por tanto, esta pretendida fraternidad que Bergoglio quiere imponer es opuesta a la que San Francisco quiso. Veamos ahora el texto de San Buenaventura sobre el episodio en cuestión.

Leyenda Mayor- San Buenaventura

El ardor de su caridad apremiaba a Francisco insistentemente a la búsqueda del Martirio. Por eso, tras dos tentativas frustradas, intentó aún por tercera vez marchar a tierra de infieles para propagar, con la efusión de su sangre, la Fe en la Trinidad.

Así es que en junio de 1219 partió para Siria, exponiéndose a muchos y continuos peligros en su intento de llegar hasta la presencia del Sultán de Egipto.

Se había entablado entonces entre cristianos y sarracenos una guerra tan implacable, que, estando enfrentados ambos ejércitos en Damieta, no se podía pasar de una parte a otra sin exponerse a peligro de muerte. Pero el intrépido caballero de Cristo, Francisco, con la esperanza de ver cumplido muy pronto su proyecto de Martirio se decidió a emprender la marcha sin atemorizarse por la idea de la muerte.

Acompañado, pues, de un hermano llamado Iluminado se puso en camino, y de pronto se encontraron con los guardias sarracenos, que se precipitaron sobre ellos como lobos sobre ovejas y los trataron con crueldad. Después los llevaron a la presencia del Sultán, según lo deseaba el varón de Dios.

Entonces el jefe les preguntó quién los había enviado, cuál era su objetivo, con qué credenciales venían y cómo habían podido llegar hasta allí; y el siervo de Cristo Francisco le respondió con intrepidez que había sido enviado no por hombre alguno, sino por el mismo Dios altísimo, para mostrar a él y a su pueblo el camino de la salvación y anunciarles el Evangelio de la verdad. Y predicó ante dicho Sultán sobre Dios Trino y Uno y sobre Jesucristo salvador de todos los hombres con gran convicción.

De hecho, observando el Sultán el admirable fervor y virtud del hombre de Dios, lo escuchó con gusto y lo invitó insistentemente a permanecer consigo. Pero el siervo de Cristo, inspirado de lo alto, le respondió: «Si os resolvéis a convertiros a Cristo tú y tu pueblo, muy gustoso permaneceré por su amor en vuestra compañía. Mas, si dudas en abandonar la ley de Mahoma a cambio de la Fe de Cristo, manda encender una gran hoguera, y yo entraré en ella junto con tus sacerdotes, para que así conozcas cuál de las dos creencias ha de ser tenida, sin duda, como más segura y santa».

Respondió el Sultán: «No creo que entre mis sacerdotes haya alguno que por defender su fe quiera exponerse a la prueba del fuego, ni que esté dispuesto a sufrir cualquier otro tormento». Había observado, en efecto, que uno de sus sacerdotes, hombre íntegro y avanzado en edad, tan pronto como oyó hablar del asunto, desapareció de su presencia.

Entonces, el Santo le hizo esta proposición: «Si en tu nombre y en el de tu pueblo me quieres prometer que os convertiréis al culto de Cristo si salgo ileso del fuego, entraré yo solo a la hoguera. Si el fuego me consume, impútese a mis pecados; pero, si me protege el poder divino, reconoceréis a Cristo, fuerza y sabiduría de Dios, verdadero Dios y Señor, salvador de todos los hombres».

El Sultán respondió que no se atrevía a aceptar dicha opción, porque temía una sublevación del pueblo. Con todo, le ofreció muchos y valiosos regalos, que el varón de Dios rechazó cual si fueran lodo.

Viendo el Sultán en este santo varón un despreciador tan perfecto de los bienes de la tierra, se admiró mucho de ello y se sintió atraído hacia él con mayor devoción y afecto. Y, aunque no quiso, o quizás no se atrevió a convertirse a la Fe cristiana, sin embargo, rogó devotamente al siervo de Cristo que se dignara aceptar aquellos presentes y distribuirlos, por su salvación, entre cristianos pobres o iglesias.

Pero Francisco, que rehuía todo peso de dinero y percatándose, por otra parte, que el Sultán no se fundaba en una verdadera piedad, rehusó en absoluto condescender con su deseo.

Al ver Francisco que nada progresaba en la conversión de aquella gente y sintiéndose defraudado en la realización de su objetivo del martirio, avisado por inspiración de lo alto, retornó a los países cristianos.

El texto es esclarecedor por sí mismo, igualmente he remarcado con subrayados la razón del viaje de Francisco, cosa que Bergoglio omite, incluyendo también que fue a predicar ¡bajo prueba de fuego!

El otro punto es esta pretendida fraternidad: Francisco acepta permanecer entre ellos bajo condición de su conversión y luego, inspirado por Dios en vista de que las gentes no abrazaban la religión, se fue. Comunicándonos el orden en el cual se funda la fraternidad (no la masónica).

LORENZO LEÓN

Imagen tomada del blog “Wanderer” (caminante-wanderer.blogspot.com)



3 comentarios:

  1. ven como el humanismo -aunque en diferentes grados- tiende a diluir la DOCTRINA.... si no lo ven con esto entonces con nada.
    https://www.youtube.com/watch?v=n6ivmS7IysU
    Leticia Garrido Zavaleta
    Leticia Garrido Zavaleta
    Hace 3 horas (editado)
    Esa educación de la que trae BERGOGLIO es ya un hecho; porque va a meter la religión en el área de educación cívica (cuidar la casa común, ser humanistas y que los niños y niñas no tomen en cuenta el género que físicamente tienen). Lo ví en este medio por internet, será a nivel mundial en todas las escuelas de la misma forma que implantará la religión universal con el santo evangelio adulterado.😭😭😭 Tendremos una situación muy dificil porque eso será obligatorio, así como nos obligarán para las vacunas. Lo bueno que estamos del lado del todopoderoso el Señor Jesús y María nuestra madre. Si estamos con Jesús!!! Quien contra nosotros? El señor nos fortalecerá para no caer en ese camino de perdición. Hermano muchas gracias por compartir. Bendiciones y más bendiciones 🙏

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  2. Lo mismo esa famosa oración que le atribuyen a san Francisco.
    Que era una oración que un sacerdote francés puso en una estampita de san Francisco y salió en una revista La Clochette. Donde haya guerra ponga yo paz etc etc...

    bueno aquí está mejor explicado.
    https://es.wikipedia.org/wiki/Oraci%C3%B3n_de_san_Francisco
    Oración de san Francisco
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    Francisco de Asís, representado por El Greco. La llamada «Oración de san Francisco» no es de su autoría, pero es reconocida mundialmente como una síntesis de su ideario.
    La Oración de san Francisco de Asís, también llamada Oración simple,1​Nota 1​ u Oración franciscana por la paz,2​ es un poema escrito probablemente a principios del siglo XX pero atribuido hasta fines de ese siglo al fraile italiano Francisco de Asís (1182-1226). Investigaciones posteriores realizadas por el académico francés Christian Renoux permitieron entrever los verdaderos orígenes de la oración, cuya autoría continúa siendo incierta. Con todo, la oración fue objeto de análisis y predicación por personalidades contemporáneas de variada extracción, y fue integrada en el programa de «los doce pasos» de recuperación del alcoholismo por parte de Alcohólicos Anónimos. Esta oración es hoy una de las devociones más populares dentro del cristianismo, reconocida como una síntesis —hasta el presente anónima— del ideario vivido por el «santo de Asís».



    Historia
    Según un estudio del académico francés Christian Renoux,3​Nota 2​ el registro más antiguo de esta oración lo constituye su aparición —como un poema anónimo— con el título Una hermosa oración para decir durante la misa (Belle prière à faire pendant la messe) en el número de diciembre de 1912, de la revista católica francesa (petite revue catholique pieuse: pequeña revista católica devota) La Clochette ('la campanilla [que toca el monaguillo en la misa]'), «boletín de la Liga de la Santa Misa», fundada en octubre de 1901 por el sacerdote y periodista normando abad Esther Auguste Bouquerel (1855-1923). Lo más probable es que él mismo fuese el autor.

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  3. Pude sufrir solo los 2 primeros párrafos de la "encíclica" Vergognana. Además de falaz (como siempre) es un autentico bodrio que por gracia de Dios hay gente que lo padece con entereza para anoticiarnos a los menos fortalecidos.
    Extrajé conclusiones similares, entre otras cosas seguro sirva de su parte para justificar el abominable "pacto" de Abu Dabi.
    Mientras el verdadero Francisco quería convertir al Sultan el falso quiere lograr una supuesta paz con los enemigos de las cristiandad.
    Patientia in tribulationis.
    Salud En Cristo

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