jueves, 8 de abril de 2021

AUTORIDADES CONFIESAN QUE LAS “VACUNAS” SON INÚTILES Y POTENCIALMENTE DAÑINAS

En un informe publicado el 22 de febrero de 2021 por el Ministerio de Salud Pública, la Universidad de la República y el GACH, titulado “Vacunas contra SARS-CoV-2 COVID 19. Aportes para la consideración de su uso en Uruguay”, en su página 14, se admite “qué no se sabe sobre las vacunas en fases avanzadas de investigación disponibles y de las ya aprobadas”. Entre otras cosas, NO SE SABE:

1) “Su seguridad a mediano y largo plazo”; 2) “Su eficacia en subgrupos de personas por edad (sobre todo, 65 años, 75 años y mayores), comorbilidades, infección SARS Covid 19 previa”; 3) “Su eficacia en asintomáticos (prevención de trasmisión)”; 4) “Su eficacia en casos severos, hospitalizaciones, ingreso a CTI, muertes”; 5) “Duración de la inmunidad”; 6) “Necesidad de mantener las medidas no farmacológicas de contención aplicadas hasta el momento”; 7) “Necesidad de revacunación”; 8) “Prevención de infección en individuos inmunosuprimidos”; 9) “Beneficio en menores de 16 años”; 10) “Impacto en individuos que incumplen las medidas de bioseguridad (mascarillas, distanciamiento físico)”; 11) “Efecto en la carga viral o en la probabilidad de contagiosidad de los infectados”; etc.

Hablando lisa y llanamente, pues, ORGANISMOS OFICIALES ADMITEN QUE LAS VACUNAS (mal llamadas vacunas en el caso de Pfizer, como lo enseña el elegante doctor Steve Hotsy, ya que ésta no es una vacuna sino un experimento genético) NO SIRVEN PARA NADA Y QUE PUEDEN SER DAÑINAS EN EL MEDIANO Y LARGO PLAZO, YA QUE SE DESCONOCE SU SEGURIDAD.

Teniendo esta información a la vista, emanada de las propias autoridades públicas, nos preguntamos cómo el común de los orientales no ejercita su raciocinio y se niega a inocularse algo que NO SIRVE PARA NADA y que, para peor, es POTENCIALMENTE DAÑINO. Nos preguntamos a la vez cómo las autoridades públicas, empezando por el Presidente, endeudaron al país en millones de dólares para adquirir un producto inútil y que puede ser perjudicial para sus súbditos.

Creemos tener la respuesta: los individuos ya no piensan por sí en este mundo decadente, sino que conforman una MASA a la cual le dictaminan extrínsecamente su conducta; hablando fácil, EL TELEVISOR PIENSA POR ELLOS. Para más abundamiento, nos hemos referido a este tema en nuestra entrada “La sociedad masificada”. En segundo lugar, los gobernantes, empezando por Luis Lacalle Pou –y lo hemos dicho reiteradas veces durante nuestra prédica- o están tan embrutecidos y masificados como el común, o son cómplices del Nuevo Orden Mundial y dependen de sus dictámenes. Aceptar el relato de la falsa pandemia emanado de la OMS es uno de ellos. Y así como ningún gobernante puede salirse del sistema financiero global (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional) so pena de ser demonizado y hasta muerto –sólo los grandes estadistas se han animado a ello, y por estos lares hace mucho que no hay ninguno- así también no pueden contrariar el relato de la falsa pandemia, so pena de ser demonizados o muertos, como le pasó al químico y matemático John Magufuli, Presidente de Tanzania, “casualmente” fallecido el 17 de marzo pasado tras haber declarado a su país libre de Covid-19 y puesto en tela de juicio, evidenciando su falta de rigor, a los test PCR, piezas clave a la hora de instalar la plandemia y el miedo. Lacalle Pou, en sus conferencias de miércoles, posa de estadista, pero no pasa de un fantoche, como escribiéramos hace mucho.