sábado, 11 de diciembre de 2021

LA INQUIETUD DE ESTA HORA. LA RELIGIÓN DEL “COVID”


En la década del treinta del siglo pasado el eminente intelectual argentino Carlos Ibarguren escribió un ensayo titulado “La Inquietud de Esta Hora”. Trataba acerca de la crisis espiritual y política que vivía Occidente tras la Gran Guerra, considerando el cuestionamiento por el que pasaba la democracia liberal y el auge de los movimientos fascistas, que prometían una revolución. “La inquietud de esa hora” estaba dada por esa mezcla de sensación de crisis, de caos, de crítica, con la esperanza de un cambio para mejor, que prometía el fascismo.

Hoy, casi un siglo después, también vivimos una hora inquietante. “La inquietud de nuestra hora” está dada por la guerra psicológica que ha sido declarada por la élite plutocrática contra la humanidad. “Hay un guerra de clases –ha dicho el magnate Warren Buffet- pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando”. Esta guerra particular, que es una guerra propagandística, moderna, de última generación –no hay que confundir guerra con “ruido de armas”, enseñan los manuales de psicopolítica- tiene como objetivo realizar cambios estructurales a todo nivel –político, económico, religioso, cultural, educativo, sanitario, laboral, tecnológico, industrial, alimentario, etc.- con la excusa de una “pandemia”. Siempre las guerras se han hecho con alguna causa final, utilizando falsas banderas como excusa. Esta no es la excepción.

El clima de miedo, de terror, de pánico y de incertidumbre se ve renovado sistemáticamente en esta hora inquietante, por la aparición de supuestas “variantes” o cepas nuevas de un virus ficticio: el “covid”. Y lo más perturbador es que la inmensa mayoría de las personas y de las instituciones no se han enterado de que estamos  en guerra, puesto que han creídoacto de fe- el discurso propalado por las élites y magnificado por los medios de propaganda tal como hemos denominado, con justeza, a los medios de comunicación-

“La inquietud de esta hora” radica, para la mayoría, en el miedo que le produce un inexistente virus supuestamente peligroso –aunque las propias cifras oficiales lo desmienten- y en las conductas que, a causa de ello, han sido obligados a desplegar, distintas a las habituales, y que amenazan ser permanentes –distanciamientos, mascarillas, inoculaciones, etc.- Por su parte, para la minoría que sí ha captado la guerra, es inquietante la soledad, el ostracismo, la incomprensión, la falta de empatía… y la acusación de herejía.

Puesto que si algo ha traído esta plandemia es una radicalización y una cosmovisión religiosa del mundo como hace tiempo no se veía en Occidente. La creencia en la plandemia, nuevo Credo apocalíptico y posmoderno, es una hecho: cuenta con sus nuevos dogmas –la existencia no demostrada científicamente del virus-, sus nuevos rituales –el bozal, el saludo- y sus nuevos sacerdotes –los “expertos”-. Es un hecho, repetimos, incuestionable, como antes lo era la existencia de Dios; quien se atreva a negarlo, será considerado orate, raro, extraño, peligroso; será apostrofado, ad hominem, como “antivacunas”, “terraplanista” o “negacionista”. Muchas personas se han vuelto feligreses de esta nueva religión, la del “covid”; substituyendo, subversivamente, a la verdadera religión católica.

Corolario de lo anterior es la implacable política de censura que se ha efectuado contra lo que la élite considera “desinformación” acerca de la plandemia. Contrariando, de ese modo, el hasta hace meses sagrado derecho a la “libertad de expresión”, legado de las revoluciones modernas –como desarrolláramos en artículo pasado- Nosotros mismos hemos sufrido la censura del artículo “Plandemia y Educación Virtual”. Los “verificadores de datos” (fact checkers) son los inquisidores modernos de la nueva religión del “covid”; con la importante diferencia de que no sirven a la Verdad, como la Santa Inquisición, sino a la Mentira.

La religión del “covid” representa, en conclusión –y por lo que hemos explicado- un claro signo de apostasía y esjatológico: constituye la sustitución de la verdadera religión por un torpe remedo. La criba de los últimos tiempos se está dando gracias a esta ciclópea farsa: entre los propios católicos -como dijimos en el escrito pasado- hay confusión, y hay quienes han adherido, renegando en la práctica de su fe, a este nuevo credo. Tiempos finales, tiempos de confusión, tiempos que recuerdan aquello del Evangelio: “el reino de los cielos es semejante a un red que se echó en el mar y que recogió peces de toda clase. Una vez llena, la tiraron a la orilla, y sentándose juntaron los buenos en canastos, y tiraron los malos”.

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