lunes, 28 de marzo de 2022

“TRATADO DE LA IMBECILIDAD”

Por BRUNO ACOSTA

Hace más de cien años, a principios de siglo XX, Julio Herrera y Reisig, polémico escritor oriental, escribió su “Tratado de la Imbecilidad del País”. El malhadado –padecía una enfermedad que lo volvió adicto a la morfina y falleció muy joven- se abocó, pues, sacrificadamente, a describir el imbécil panorama que lo rodeaba de gente imbécil.

Ahora bien: creemos que Julio Herrera se quedó corto. Y, un siglo después, podemos decir, a la luz de la plandemia, que la imbecilidad no es rasgo excluyente de los uruguayos –aunque ésta y la chatura los caracteriza con propiedad- sino carácter del mundo entero. Porque estar hace ya más de dos años sumidos en una mentira tan ciclópea, montada sobre bases tan endebles, y sin hacer un amague de quicio, es propio de una galopante imbecilidad.

Vayamos a un ejemplo: el test PCR, en el que se fundamenta, en buena parte, la plandemia. Lo dijo su propio creador, Kary Mullis, antes de (¿casualmente?) morir: NO SIRVE COMO DIAGNÓSTICO. ¿Por qué, entonces, seguirse diagnosticando zoológicamente con un test que NO SIRVE COMO DIAGNÓSTICO? No hay otra respuesta: la gente padece de una ingénita y crónica imbecilidad.

Vayamos a otro ejemplo: el uso del bozal. ¿Por qué utilizarlo cuando la propia OMS, en marzo de 2020, desaconsejó su uso e informó que hasta podía ser contraproducente? Es que la gente –como hemos dicho en reiteradas ocasiones- es incapaz de pensar por sí misma; es incapaz siquiera de razonar: es imbécil.

Muchas otras cosas podrían mentarse. Por ejemplo, los experimentos génicos, llamados bellacamente “vacunas”. ¿Por qué inyectarse si las propias autoridades confiesan en informes oficiales que NO SIRVEN PARA NADA y que son POTENCIALMENTE DAÑINAS, desconociéndose sus efectos a mediano y largo plazo? Pues, “porque me lo dice la TV”. De esa cavernaria manera “piensa” la gente.

La imbecilidad patentada durante la plandemia daría, sin duda, para varios tratados. Otro tema sería la cobardía y complicidad de muchos que se dicen católicos; pero es harina de otro costal. Nosotros, por ahora, secundamos al bueno de Herrera y confirmamos que su intuición sigue vigente en el crepuscular mundo de hoy.

2 comentarios:

  1. La verdad qué hay mucho católico cobarde, sí. Quería decir otra palabra pero me contengo. Muy buen post. Osvaldo

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  2. Hay una verdadera pandemia de imbéciles.

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