lunes, 2 de mayo de 2022

EL LIBERALISMO DE MORÁS


Hace unos días, este personaje circense estuvo por primera vez en el Uruguay, invitado por la diputada de “Cabildo Abierto”, Elsa Capillera –esa tras quien se agolparon algunos católicos en las elecciones (¿buscando su “puestito”?)- Por ello, nos parece buena idea volver sobre esta serie que publicamos hace un tiempo. Nótese que el gordito, prolijamente, habló de las “transformaciones que representan desafíos a los derechos y libertades fundamentales para el funcionamiento de nuestra democracia”.

EL LIBERALISMO DE MORÁS (I de II)

Por BRUNO ACOSTA

Estábamos estudiando concienzudamente algunos textos y videos de Nicolás Morás, el liberal radical a quien prometimos referirnos en el artículo pasado, como parte de una tarea más amplia y necesaria: dejar en claro que el liberalismo no es la solución frente al socialismo, sino que es, en puridad, su causa: son parte de una misma enfermedad.

Acometimos, al inicio, la tarea de un modo serio, considerando que nos encontrábamos ante un pensador de ese mismo tenor. Mas la investigación arrojó, prematuramente, un resultado distinto: Morás no es sino un burdo farsante. Nos explicaremos a continuación.

Trataremos, sin embargo, en este breve estudio, de no detenernos, sólamente, en ese carácter mendaz y venal de Morás, sino de analizar algunos de sus asertos que, mal o bien, conforman el frágil cuerpo doctrinal del liberalismo.

Una errónea definición del Estado

Los libertarios definen al Estado como “el monopolio de la violencia”. Definición sofística por lo bipolar y por lo caricaturesca, que no resiste el menor análisis. Asoma, con ésta, la matriz anárquica de esta corriente, que también, y no casualmente –según las tendencias- se autodenomina, sin rubor por lo grotesco, “anarcocapitalista”. Odio, pues, a todo orden y a toda jerarquía, derivado de una generalización falaz al definir al Estado, meramente, como “el monopolio de la violencia”, cuando ese caracter, en el mejor de los casos, no es sino uno de sus componentes.

Los libertarios, entonces, desde el vamos, toman un concepto estrecho, bipolar, caricaturesco, inexacto en definitiva, del Estado; concluyen que éste debe abolirse, mas ello no es sino una falsa conclusión derivada de una falsa premisa. Morás, como no podía ser de otro modo, se pliega a estos dislates. Así, expresa que “el Estado es básicamente una máquina criminal”, que “el Estado es el monopolio de la violencia” y comparte, en sus videos de divulgación, esta tonta frase del ácrata Lysander Spooner: “el gobierno es como un ladrón que dice: ¡tu dinero o tu vida!”. Mayor estrechez conceptual, mayores burdas generalizaciones, premisas filosófico-políticas más equivocadas, no pueden concebirse.

Morás y los libertarios olvidan que ha habido y que habrá –Dios mediante- Estados en sentido amplio, comunidades políticas forjadoras de cultura guiadas por grandes hombres –hasta por santos- esenciales para el desarrollo de las potencialidades del hombre y, en última instancia, para su bienaventuranza. El individuo solo, asilado, atomizado, es un ser indigente: precisa de un ente que lo abrace y que lo potencie, y eso lo logra el Estado en sentido amplio, la comunidad política. El liberalismo, pues, no sólo define erróneamente al Estado, sino que desconoce la naturaleza humana: parte, también, de un equivocada visión antropológica, que concibe un sujeto autónomo, autosuficiente, en pugna con los demás, cuando debe estar, para lograr su felicidad o bienaventuranza, en íntima comunión con el resto.

En marcial y gráfica metáfora, supo expresarlo mejor Benito Mussolini: “El individuo, en el Estado fascista, no se ve anulado sino multiplicado, del mismo modo que un soldado no está anulado en un regimiento, sino que está multiplicado por el número de sus camaradas”. Lo cual irritará, de consuno, a los plumíferos liberales.

Al margen, pues, una correcta definición del Estado; al margen una real visión antropológica: queda solamente la fraseología barata, los “molinos de palabras”, hueros de contenido, tan propios del liberalismo.

Morás, el charlatán

En Telesur
Lo extraño es que un hombre tan vehementemente contrario a la violencia estatal; tan fervorosamente enemigo de la “tiranía” –y esto merece párrafo aparte-, como Morás, haya sido hasta hace poco corresponsal argentino de Hispan TV, medio de comunicación de Irán, país cuya forma de gobierno no es precisamente una utópica anarquía respetuosa de la propiedad privada, sino una teocracia comandada por Alí Jamenei, hace más de treinta años. Y que sea, a la vez, al día de hoy –su última intervención data del 16 de mayo- corresponsal de la chavista Telesur, obviando que este medio y que Venezuela están mandatados por el castrocomunista Nicolás Maduro Moros, no precisamente un propulsor del “laissez faire” ni de los principios burgueses que él defiende. Grave contradicción que visibiliza, aún más, la insubstancial y falaz retórica liberal; que deja en evidencia, en concreto, la agresiva verba del rollizo.  ¿Cómo pude sostener seriamente que “lo que une a los liberales de toda época y lugar es la oposición al poder, fundamentalmente, al poder concentrado” y, concomitantemente, ser cómplice de esos gobiernos de poder concentrado?

Hay quienes dan un paso más y sostienen que Morás trabaja para Irán, aliado geopolítico de Venezuela y del espectro izquierdista en general. No nos animamos a tanto, pero tampoco lo negamos. Conste, pues, la grave contradicción en la que incurre, explicable por una impúdica doblez o por una venalidad reprobable.

Las “tiranías” de Morás

La mentada estrechez conceptual de Morás se explicita cuando cataloga de “tiranías” lo mismo al Imperio Español que al Inglés, lo mismo a la monarquía de Suazilandia que a la de los Emiratos Árabes. Pero, al conceptuar así a la España colonial, alcanza su mayor virulencia; sin escatimar vulgares dicterios para con la Santa Inquisición y para aquellos que, prosaicamente, denomina “católicos inquisitoriales”.

Si en el primer apartado comprobamos la indigencia filosófico-política de este liberalismo radical y de Morás en particular; ahora comprobamos su ignorancia histórica. Su profunda y dañina ignorancia histórica. Morás repite los ponzoñosos alegatos de los escritores panfletarios antiespañoles, que ora por odio anticristiano, ora por intereses económicos, crearon lo que se ha dado en llamar la “leyenda negra antiespañola”.

En TLV1
En realidad, lejos estuvo España de ser un Imperio tiránico: más bien, se comportó como una Madre, otorgándole la calidad de Reino (no  de “colonia”, como hicieron los ingleses) a las tierras por ella descubiertas en América. Existe abundante testimonio documental y aún sensible –verificable hoy- al respecto. Verbigracia: si España se dedicó a exterminar a los indígenas, como se le atribuye: ¿por qué se observan tanta cantidad de  mestizos y de indios a lo largo y ancho de Hispanoamérica? ¿Por qué, al contrario, no se aprecia ninguno en América del Norte? Pues porque el procedimiento de los españoles y el de los ingleses fue distinto: caritativo y cristiano por un lado; pragmático y burgués por el otro. En Norteamérica sí hubo un exterminio.

Comprenderá el lector informado que no corresponde desmontar aquí, circunstanciadamente, esta leyenda negra antiespañola, a la que se afilia Morás. Repitamos, simplemente, con Francisco Morales, que “el dominio hispano fue también amor. Fue fundaciones, fue acción civilizadora, fue mestizaje […] la conquista ofrece una doble perspectiva, material y espiritual: las Indias de la Tierra y las Indias del Cielo. Así lo reconocieron desde aquellos días algunos hombres”.

Pero los liberales –también los marxistas- adulteran esta realidad en su favor.  Y el efecto es grave; porque, a la larga, se traduce en un odio a la Fe y en un odio a la Verdad. Morás, pues, conspira contra la Fe y contra la Verdad, al propagar esta tendenciosa narrativa antiespañola.

Palabras finales

Habría mucho más por decir sobre este divulgador. Desde su falso concepto de la libertad –error primo del liberalismo, matriz de todos sus males-, pasando por su sedicente defensa del “iusnaturalismo” –un “iusnaturalismo” que empieza en el siglo XVII, y otra vez con la estrechez conceptual- hasta su explícita defensa de la contra natura. Quedará, Dios mediante, para otra entrega, aunque algo nos dice que no perdamos más tiempo con este fantoche.

EL LIBERALISMO DE MORÁS (II de II)

Por BRUNO ACOSTA

En la primera parte de este trabajo analizamos ciertas facetas del pensamiento de Nicolás Morás, uno de los libertarios de moda. Falsa concepción del Estado y de la naturaleza humana, por un lado; adhesión a la panfletaria “leyenda negra anti española”, por otro; finalmente, una contradictoria colaboración con regímenes como los de Alí Jamenei y de Nicolás Maduro Moros.

Si bien esos aspectos son importantes, y revelan la confusión y el desatino conceptual de Morás; creemos, no obstante, que lo que sigue es aún más grave. Estudiaremos dos elementos, aunque habría más por analizar: su falso concepto de la libertad y su explícita defensa de la contra natura –una constante en estos grupúsculos libertarios- 

Un falso concepto de la libertad

Ex falso quodlibet sequitur

Tal y como enseña el Dr. Antonio Caponnetto en su libro “Metodología de Estudio y de Exposición Oral”, los escolásticos, fieles a su rigor intelectual, sostenían que ex falso quodlibet sequitur: de premisa falsa se sigue cualquier cosa. Es decir, una premisa falsa lleva necesariamente a una falsa conclusión.

Esto es precisamente lo que ocurre con el concepto de libertad que utilizan los liberales y el propio Morás. Es un concepto falso, erróneo; por lo cual, necesariamente, dará lugar a falsas conclusiones. Ellos, escribe León XIII, “imitando a Lucifer, del cual es aquella criminal expresión: no serviré, entienden por libertad lo que es una pura y absurda licencia […] Según ellos no hay en la vida práctica autoridad divina alguna a la que se haya de obedecer; cada ciudadano es ley de sí mismo. De aquí nace esa denominada moral independiente, que, apartando a la voluntad, bajo pretexto de libertad, de la observancia de los mandamientos divinos, concede al hombre una licencia ilimitada […] el juicio sobre la verdad y el bien queda exclusivamente en manos de la razón humana abandonada a sí sola, desaparece toda diferencia objetiva entre el bien y el mal; el vicio y la virtud no se distinguen ya en el orden de la realidad, sino solamente en el juicio subjetivo de cada individuo; es lícito cuanto agrade, y establecida una moral impotente para refrenar y calmar las pasiones desordenadas del alma, quedará espontáneamente abierta la puerta para toda clase de corrupciones […]”.

Magistrales y proféticas palabras del Pontífice. La libertad no es pura licencia; la libertad no es libertinaje; la libertad no es antojo. La libertad, para ser propiamente tal, debe estar en consonancia con la verdad. “La verdad os hará libres”, enseña Nuestro Señor Jesucristo (Juan, 8, 32). La libertad debe tener por objeto un bien conforme con la razón. “La voluntad –escribe León XIII- cuando apetece un objeto que se aparta da la recta razón, incurre en el defecto radical de corromper y abusar de la libertad […] [en consecuencia] la posibilidad de pecar no es una libertad, sino una esclavitud […] [de ahí] las palabras de Cristo, nuestro Señor: el que comete pecado es siervo del pecado”.

Morás y el Lic. Lucas Carena
Una explícita defensa de la contra natura

En julio de 2013, Morás escribió en Infobae un artículo que tituló “El sagrado derecho a amar”. Pasaron siete años, pero nos consta que sigue manteniendo sus conclusiones y, por lo demás, éstas se derivan connaturalmente del credo liberal; justamente, porque se desprenden del falso concepto de libertad antes aludido: la libertad desligada de la verdad; la libertad entendida como antojo.

En ese escrito, Morás realiza una nauseabunda loa al pervertido de Alfred Kinsey, biólogo yanqui, tragándose, por lo demás, todas las falsas y disparatadas conclusiones de sus informes (“El comportamiento sexual del hombre”, 1948; “El comportamiento sexual de la mujer”, 1953) cuyas muestras –se ha demostrado hasta el cansancio- fueron tomadas, totalmente, de trastornados sexuales –en particular, del pedófilo “hombre X”-, cuyos aberrantes actos fueron elevados a criterios de normalidad. 

“Yo valoro a Kinsey –escribe el obeso- porque era un activista, un militante de la defensa de la libertad humana y uno de los grandes mártires del humanismo en la guerra sin cuartel contra la opresión oscurantista”.  Morás entiende por libertad y por humanismo, evidentemente, algo distinto de lo que entendemos nosotros; se equivoca si ve libertad y humanismo en lo que no es más que esclavitud y animalización.

En su artículo, Morás mezcla disparates conceptuales como esos, con sensiblerías mujeriles y blasfemias, con tal de defender a los invertidos de todo jaez. En un arrebato de cursilería, nos dice que “amigos inesperados son homosexuales […] [y] son tan personas como nosotros”; y es mucho más grave cuando escribe que “no existe una Virgen de los sodomitas, ¿y?”, felicitándose de que “la Iglesia Católica, institución fundamental del asesinato sistemático del libre albedrío, está más debilitada que nunca”.

La catadura moral de su héroe Kinsey se refleja cristalinamente en esta frase suya, que Morás celebra: “Concluyo que los habitantes de esta nación [por Estados Unidos] gozarían de mayor libertad, educación y dignidad si en vez de aristócratas puritanos y esclavistas la hubiesen fundado reos, piratas y prostitutas”.

El Instituto Kinsey, según un investigador afiliado al mismo, tuvo como objetivo propagandístico hacer respetar la homosexualidad y ciertas perversiones sexuales, como el sado masoquismo y la pedofilia”, enseña el Padre Miguel Ángel Fuentes, en una de sus conferencias.

Haciendo uso de su “libertad”, Kinsey murió a las 64 años, víctima de sus abyecciones sado masoquistas. Los muy “libres” homosexuales, según reportan los doctores Edward Fields y Kathleen Melonakos, suelen tener una esperanza de vida veinte años menor que el resto, debido a sus insanas prácticas y modos de vida. Así, el 78% de los homosexuales contrae una enfermedad de trasmisión sexual, como VIH-SIDA, gonorrea, sífilis, herpes simplex, sarna, etc. A la vez, los invertidos tienen mayor riesgo de padecer enfermedades mentales, como depresión, ansiedad, trastornos de la conducta, alcoholismo, drogadicción, etc., según reporta el doctor Whitehead. Todo lo cual demuestra que la libertad no es tal si no está anclada en la verdad: lo demás, es pecado y esclavitud.